Los inicios de la producción de jamones ibérico se remontan al Imperio Romano, este tipo de carne surgió por la necesidad de preservar los alimentos por un tiempo prolongado, el jamón era el más cotizado, pero desde ese tiempo estaba presente el consumo de tocino, costilla, cabeza y lomos. El consumo de carne de cerdo se consideraba símbolo de nobleza, poder y solo la clase adinerada era la que podía tener acceso a este alimento. Durante la Edad Media fueron los monjes los encargados de conservar este método de preparación del cerdo y es gracias a ellos que persiste hasta nuestros días.  

La industria de jamones y embutidos auténticamente ibérico se encuentra en el sur y sureste de España, las principales zonas productoras son Extremadura, Jabugo, Guijuelo y Los Pedroches, las cuales se caracterizan por sus pocas precipitaciones, inviernos fríos y veranos calurosos y secos lo que en combinación generan el microclima idóneo para la producción, maduración y secado de los jamones dándoles extraordinarios y característicos sabores y texturas. Parte de este minucioso proceso de producción es la manera de crianza y alimentación que tiene el cerdo, pues lo que diferencia al jamón ibérico es la alimentación la cual consiste en solamente bellotas.

La mejor manera de disfrutar este tipo de jamón es sólo, recién cortado, si se prefiere puede ser acompañado con pan con tomate, así como puede ser acompañado con  vino blanco pues  tiene un sabor más suave, a comparación del vino tinto, lo que hace resaltar el sabor del jamón en el paladar, con cualquiera que se acompañe nunca debe engullirse uno y enseguida el otro, debe ser de manera separa, así permitirá que se disfruten ambos sabores puramente.  En cuanto al maridaje se recomienda un maridaje por contraste el cual ayuda a resaltar el sabor del jamón, para lograr esto la mejor opción es un vino bajo en azúcar como lo es el Brut o alguno similar con más tiempo de añejamiento.

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